Si lo de ayer no te terminó de convencer, te cuento una historia real que te va a hacer pensar seis veces antes de querer preavisar.
Y no es ninguna de las 5 causas que vimos ayer. Sería la sexta. Seis.
Resulta que un cliente me cuenta que no encontraba el estatuto original de la empresa.
Se dieron cuenta un día que iban a usarlo para un trámite. El día del trámite, por supuesto.
La cosa es que dieron vuelta toda la oficina, revolvieron todos los cajones y nada.
−¿Pero si lo usamos la semana pasada? ¿Dónde quedó? ¿Quién tenía acceso al original, si no lo tocamos nunca?
Ahí se le vino la imagen de Matías (vamos a llamarlo así) con una sonrisa socarrona.
−Carlos! Eu! ¿Estás acá? ¿En qué estás pensando?
−Nada, nada. Se hace una pausa mínima hasta que volvió al aquí y ahora.
– Ya sé que pasó. Fue Matías…
Matías era el último empleado que se fue de la empresa.
En realidad no se fue, lo fueron.
Pero ¿A que no saben qué hicieron en vez de mandarle la carta documento de despido?
Sep.
Lo preavisaron.
Y Matías durante el preaviso se vengó.
Dijo: −¿Así que me van a echar como una rata? ¿A mí? ¿Con todo lo que yo hice por esta empresa? Yo los voy a joder. Se van a acordar de mí.
Y se llevó el original del estatuto y todas las copias.
Todas. Ni una dejó.
Hasta las copias de designación de autoridades se llevó.
Y sí, se acordaron de él.
Claro.
De la madre también.
Sexta razón por la que no hay que preavisar: te pueden robar el estatuto.
O borrarte la base de datos.
O hacerte quedar mal con los clientes.
O…
Los dejo hacer volar la creatividad.
¿Todos los empleados hacen lo mismo? No. Pero el empleado de Carlos sí.
¿Para qué arriesgarse? ¿No?
Si no querés arriesgarte, tengo la membresía ideal para vos: ACÁ.
No hagas la gran Carlitos.
Que tengas un gran día.
P.D.: Arriba.
P.D.2: El lunes van a tener novedades de un regalo que les voy a hacer. Les va a gustar.