Voy a contarte las cinco razones (puede haber más) por las que nunca tenés que avisar a un empleado que lo vas a despedir.
Vas a ver que la mayoría no las tenías en el radar, y al menos una ni siquiera se te hubiera ocurrido.
Resulta que me llama un cliente (no vamos a dar nombres, pero podrías ser vos, por ahí vos justo no, sino al famoso “amigo” al que le pasan las cosas que a vos no):
−Norberto, tengo que despedir a Fulana, porque me bajaron mucho las ventas, me voy a quedar sólo con Mengana, y mi hermano que va a venir unas horas más al local.
−Ok. ¿Querés que preparemos la liquidación final? ¿Cómo querés hacer con la notificación? ¿Qué fecha tenés pensada?
−De eso quería hablarte, porque yo tenía la idea de charlar con ella antes, es medio amiga de la familia, vino recomendada y no quiero que se entere por una carta documento. Ya sé que vos me dijiste que le mandara la carta nomás y después hablara, pero me da cosa que se entere así…
Y acá viene el tema…
Cuando despedimos a una persona (no siempre) puede surgir lo peor de ese vínculo. Como pasa en las desvinculaciones de pareja (de esto vamos a hablar en otro correo).
A veces no interesan las causas, que siempre las hay, aunque para el derecho laboral sea un despido “sin justa causa”.
Siempre hay causa. Es como en la vida.
Y consecuencias. También como en la vida.
Salvo que vayamos a cerrar la empresa.
Y ahí es uno de los casos donde vale la pena preavisar (también otro día te cuento una historia con esto).
En fin, le advertí de las cinco posibles consecuencias que podía tener y -como me pasa en algunos casos (actualmente menos, cada vez me vuelvo más convincente)- no hizo lo que le dije.
Y pasó lo que le dije que le iba a pasar (esto también me pasa muy seguido, podría dedicarme a la adivinación y a las apuestas): al otro día que le dijo la empleada, sacó una carpeta médica y se pudrió la momia.
Sí, la amiga de la familia. La que vino recomendada. Por la que él estaba preocupado por cómo se lo podía tomar. La misma.
Se enfermó de repente.
Aunque mi cliente le explicó la situación, y le dijo que le iba a pagar lo que le correspondía, y la iba a recomendar, y todo… justo, justo, justo: se enfermó.
Moraleja: no preavises. Sólo se preavisa en un contrato a plazo fijo, tema que vemos en otro mail, que se hace largo este sino.
Y para ir terminando, las 5 razones por las que nunca hay que preavisar:
Primera: Ninguna de las partes va a estar cómoda durante ese tiempo. Ni nosotros como empleadores, ni el empleado yendo a trabajar probablemente sin ganas todos los días.
Segunda: El plazo de preaviso se considera tiempo de servicio, es decir, suma antigüedad para las vacaciones, licencias, indemnizaciones, etc. Ergo: aumenta el costo.
Tercera: Durante el preaviso tenemos que pagar aportes y contribuciones. En cambio si no preavisamos, pagamos una indemnización que no lleva cargas sociales.
Cuarta: La relación sigue vigente. Entonces si el empleado se enferma tenemos que pagar la licencia hasta que termine (lo que puede durar hasta 6 meses o un año, dependiendo de la antigüedad del empleado y si tiene o no familiares a cargo).
Quinta: Tenemos que darle 2 horas por día al empleado para que busque otro trabajo, o darle un día entero por semana.
Por ahí lo hacías intuitivamente. Onda: “No sé porqué pero se me ocurre que no es bueno preavisar”.
Ahora tenés las razones concretas.
Si todavía te quedaron ganas de preavisar, esperá a leer el mail de mañana, que te saco las ganas del todo.
Ahora ya sabés un poco más que hace unos tres minutos.
Mañana seguimos. Que esto recién empieza y se va a poner cada vez más lindo…
Que tengas un gran día.
P.D. 1: ¿Te preguntás porqué no te habías enterado de esto? Es que la media ni lo sabe. −¿Enserio? −Enserio. ¿Y que porqué lo sé yo? Porque me dedico a esto hace más de 25 años, y te dije: soy bueno. En otras cosas no tanto. Pero en esto soy bueno enserio. ¿Qué querés tenerme de tu lado? Mirá ACÁ.
P.D. 2: Arriba.