Ayer, te nombré a los “semipúblicos”.

Y ya que estamos te cuento de qué se trata.

Y qué son las entidades paraestatales.

Dos caras de una misma moneda.


Para los más chicos: antes no había celulares, no estábamos todo el día conectados.

Y había vida igual.

Si pasaba algo te llamaban al laburo, a un teléfono fijo. Y ya.

Para hablar con la chica que te gustaba primero tenías que hablar con la madre o el padre. Era toda una carrera de obstáculos.

Si querían te filtraban, o si no caías bien las probabilidades de ligar se esfumaban instantáneamente.


No andábamos viendo cada 5 minutos qué posteó aquel.

O qué comentó el otro.

Y con un fueguito a una foto o unos corazoncitos a un posteo ya estaba.

Había que laburar. Enserio.


Y si estabas en la calle, o no tenías teléfono fijo en tu casa, había teléfonos públicos.

Ponías un cospel (una especie de monedita con ranuras) y hablabas.

Tenías un tiempo limitado, unos minutos, que te habilitaba el cospel.

Hasta eso. Éramos más concretos. Íbamos al grano.

No desperdiciábamos tanto tiempo. Porque costaba plata.

Y en algunos lugares, como kioscos, almacenes de barrio, etc. había teléfonos semipúblicos.

Eran parecidos a los públicos, pero más modernos, y estaban en los comercios.


¿Y a qué viene todo esto?


Que están los profesionales semipúblicos también.

Esos que a la mañana, hasta las 13 o 14 “trabajan” en alguna repartición pública.

El ministerio de no se qué, la secretaría de no sé cuánto, la dirección de esto o el instituto de lo otro.

Y a la tarde, de cuatro menos cuarto a cinco y media, juegan a profesionales.


No sé donde vivís vos.

Pero en La Plata, donde vivo, más o menos el 60/70% de los profesionales son semipúblicos.

Y me quedo corto.

Son muchos los que tienen un puestito en el estado, o un cargo público.

Y varios ni van a laburar a estos reductos.

(Donde el 50% está demás, y soy generoso) [¿Lo dije o lo pensé? Ah! Lo escribí]


Pero los peores son los que están de los dos lados del mostrador.

Que te venden un servicio que consiste básicamente en hacer “desde adentro” las cosas.


Y hay empresas a las que los asesoran estos personajes semipúblicos.

Y después se asombran de que las cosas no salen tan bien.

¿Y qué querías campeón?

Eyimpoyible.


Yo entiendo que te sale más barato.

Porque el semipúblico ya tiene el carguito y el sueldo seguro el último día del mes. Y lo que cobran por afuera es mediocre, como ellos.

Pero después no te quejes.


Alguien que dedica gran parte del día haciendo lo que sabe, versus otro que la mitad del día parasita en alguna repartición pública, no puede tener el mismo resultado.

Es claro.

Salvo que sepa cambiar el chip rápido.

No hay manera.


Ojo, hay un 5% que lo logra. Puedo dar ejemplos vivientes.

Pero, como siempre, son la excepción que confirma la regla.


Entonces, si vas a confiarle los temas de tu empresa a un semipúblico después no chilles. Bancate la pelusa.

Que lo barato sale caro.


Estos no tienen compromiso, enfoque y voluntad pura. Como John Wick.

Algunos ni trabajan de la profesión que eligieron.

Están achanchados, grises. Son abúlicos, apáticos.


Yo ya los detecto hasta en el gimnasio…

Van lento, durmiendo el paso. Como si el tiempo fuera infinito.

Y en las máquinas se pueden quedar eternamente entre una serie y otra.

Es más, tengo una teoría que te voy a revelar, con las marcas de autos que usan.

Es casi científica, y el margen de error es mínimo.

Otro día te cuento.


En fin.

Los semipúblicos.

Cuidate de estos seres, que ellos no saben de su condición.

Son como los zombis.

Piensan que todos son como ellos.


Que tengas feliz domingo.

Soleado por acá. (Te dije que, al final, siempre sale el sol)

LOVO.

PD1: Para los más jóvenes que no saben qué es un teléfono semipúblico (o los más maduros, si quieren que se les piante un lagrimón nostálgico) acá te muestro (y los cospeles).

PD2: Y si querés cuidarte de los semipúblicos es por acá.

PD3: Mañana te hablo de los paraestatales, que se me hizo muy largo hoy.